Radio Onda Espiritual

    sábado, 10 de octubre de 2026

    El cristiano y la oración

     



    El cristiano y la oración 

     

     La doctrina de la oración

    Introducción

    La oración es tan natural y necesaria al cristiano como la respiración. Ningún cristiano puede permanecer vivo espiritualmente mucho tiempo sin la oración, así como un hombre natural no puede estar mucho tiempo debajo el agua ya que moriría ahogado. Por lo tanto el creyente tiene que estar siempre en la atmosfera divina para respirar en el aire de la oración.  Debido a que para varios de nosotros, la sociedad es libre v próspera, es más fácil que los cristianos se sientan seguros presumiendo de la gracia de Dios que dependiendo de ella. Muchos creyentes se quedan satisfechos con las bendiciones físicas y tienen muy poco deseo de las bendiciones espirituales.  Al haberse vuelto tan dependiente de sus recursos físicos, sienten poca necesidad de los recursos espirituales. Cuando los programas, métodos y dinero producen resultados impresionantes, hay una inclinación a confundir el éxito humano con la bendición divina. Los cristianos pueden en realidad comportarse como humanistas practicantes, viviendo como si Dios no fuera necesario. Cuando esto sucede, e! anhelo apasionado por Dios y e! ansiar su ayuda harán falta, junto con e! otorgamiento de su poder. A raíz de este peligro grande y común, Pablo instó a los creyentes a orar "en todo tiempo"(Efe. 6:18) y a perseverar "siempre en la oración" (Col. 4:2). La oración continua, persistente e incesante es parte esencial de la "ida cristiana v fluye de la dependencia de Dios.

    Los métodos de la oración

     En Etesios 6: 18 Pablo dice que debemos orar con "toda oración y ruego". La palabra griega que se traduce "oración" (también en 1 Tes. 5:17) es la palabra común del Nuevo Testamento para decir oración y se refiere a peticiones generales. La palabra que se traduce "ruego" se refiere a oraciones específicas. El uso que hace Pablo de ambas palabras sugiere nuestra participación necesaria en toda clase de oración, todo tipo que sea apropiado.

     La postura

    Orar todo el tiempo necesita que se esté en varias posiciones porque usted nunca va a estar en la misma posición todo el día. En la Biblia, la gente oraba de pie (1 Rey. 8:22), levantando las manos(1 Tim. 2:8), sentados (2 Sam. 7:18), de rodillas (Mar. 1:40), mirando hacia arriba (Juan 17:1),inclinados (Éxo. 34:8), poniendo la cabeza entre las rodillas (1 Rey. 18:42), golpeándose el pecho(Luc. 18:13), y en dirección a Jerusalén (Dan. 6:10).

     

     Las circunstancias

    Mientras que algunas personas piensan que la oracion debería ser muy formal, la Biblia documenta que la gente oraba en muchas y diversas circunstancias, así como con diferentes expresiones. Oraban con ropa de aflicción (Sal. 35:13), sentados en cenizas (Job 1:20, 21), golpeándose el pecho (Lue.18:13), llorando (Sal. 6:6), echando polvo sobre sus cabezas(Jos. 7:6), rasgando sus vestiduras (Esd.9:5), ayunando (Deut. 9:18), gimiendo (Sal. 6:4-6), con fuerte clamor y lágrimas (Heb. 5:7), como sudando sangre (Luc. 22:44), quebrantados de corazón (Sal. 34:18), haciendo sacrificios (Sal. 20:1-3) v cantando himnos (Hech. 16:25).

    La oración

    “Orad sin cesar” (1 Tesalonicenses 5.17).

    “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda” (1 Timoteo 2.8).

    La oración le es tan natural y necesaria al cristiano como la respiración. Ningún cristiano puede permanecer vivo espiritualmente por mucho tiempo sin la oración, así como un hombre no puede vivir por mucho tiempo bajo el agua. El que profesa ser cristiano y no tiene una comunión íntima con Dios por medio de la oración, es cristiano sólo de nombre.

    ¿Por qué orar?

    1. Dios lo ordena

    Tales amonestaciones como: “Orad sin cesar”; “Dad gracias en todo”; “Velad y orad” y “Orad al Padre” son muy numerosas en la Biblia. Nadie puede ser obediente a Dios sin vivir una vida llena de oración.

    2. Es la puerta de entrada a muchas bendiciones

    El Espíritu Santo es dado “a los que se lo pidan” al Padre (Lucas 11.13). Se le promete poder espiritual al que ora con toda sinceridad (Marcos 9.29). Y además, “la oración de fe salvará al enfermo”, porque la “oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5.15–16). En vista de que Dios oye y contesta la oración de fe sabemos que todo lo que se puede incluir en la oración de fe está a la disposición de aquellos quienes de corazón buscan al Señor por medio de la oración (Mateo 21.22; Marcos 11.24; Juan 11.22).

    3. Nos ayuda a crecer espiritualmente

    Cualquiera que ora, habla con el Señor. Cualquiera que habla con el Señor está en su presencia; y mientras más tiempo esté con él, más será como él. “Nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3.18). ¿Ha visto usted a alguno que pasa mucho tiempo con el Señor en oración sincera y ferviente que no crece espiritualmente? Por otro lado, ¿ha visto usted a alguien que no está acostumbrado a la oración que sea espiritual? ¿Verdad que no? Pasar tiempo con Dios en la oración nos ayuda a crecer a su imagen.

     

    4. Nos protege del poder del diablo

    Imaginemos a Cristo y a los apóstoles en el Huerto de Getsemaní. Mientras están entrando al huerto algunos discípulos se quedan cerca a la orilla, tres le acompañan al interior al tiempo que él va aún más adentro y se arrodilla en oración. Volviéndose a sus discípulos, él los encuentra ya dormidos. Les pregunta: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil” (Mateo 26.40–41). Cristo vuelve a los discípulos un total de tres veces y cada vez los encuentra durmiendo. ¿Acaso debemos sorprendemos que en el momento de la prueba Cristo la soporta y los discípulos no?

    Por ser el Mesías, Jesús sabía que necesitaba esa comunión constante con su Padre, el cual le daba fuerza en cada tentación y prueba. Al igual que Cristo, mientras más íntima sea nuestra comunión con el Padre tanto más frecuente y ferviente serán nuestras oraciones y seremos también más fuertes espiritualmente. ¡Aprendamos esa lección de él! El diablo está obrando cada día más para invadir la vida de los que creen en el Señor. Si a diario queremos vivir en victoria, oremos como nos enseñó Cristo.

    5. Es indispensable para recibir poder

    Cristo, al hablar acerca de echar fuera a cierto tipo de espíritu inmundo, dijo: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno” (Marcos 9.29). Veamos también acerca del poder dado a los discípulos en cierta ocasión: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4.31). El hecho de que Dios ha prometido escuchar y contestar las oraciones de su pueblo nos asegura su poder el cual está al alcance de aquellos que mantienen un contacto vivo con él por medio de la oración.

    6. Trae plenitud de gozo

    ¿Qué fue lo que les trajo gozo a los discípulos en la casa de María cuando Pedro fue librado de la cárcel? Ellos habían orado fervientemente y sus oraciones fueron contestadas. Nunca debemos olvidar que la oración no sólo es un deber cristiano y una protección del poder del diablo, sino también es un manantial de sumo gozo para todos los santos de Dios, un gozo que no se puede obtener de ninguna otra manera.

    Las oraciones que Dios contesta

    Hasta aquí hemos dado por sentado que Dios contesta nuestras oraciones y que lo hace de una manera personal. La promesa de Dios es segura: “Todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21.22). La Biblia contiene muchos ejemplos de oraciones contestadas y hoy muchos de nosotros tenemos un testimonio vivo de oraciones contestadas. La única cosa que necesitamos considerar son las condiciones para que sean contestadas las oraciones.

     

    Podemos esperar confiadamente la respuesta a nuestras oraciones:

    1. Si oramos según su voluntad

    “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5.14). Santiago ofrece el mismo concepto, de forma negativa, cuando dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4.3). Mucho de lo que se llama oración no es nada más que una expresión de egoísmo o quizá elocuencia para ser escuchado por los hombres en vez de Dios.

    2. Si oramos con fe

    “Pida con fe, no dudando nada” (Santiago 1.6). “Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis” (Mateo 21.22). Otra vez la promesa es segura sobre la condición de que la oración sea con fe, “creyendo”. “Es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11.6). Muchas oraciones son en vano porque se ofrecen sin fe en el poder de Dios.

    3. Si obedecemos su voluntad

    Cristo oró: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mateo 26.39). Esa fue una oración de sumisión y obediencia.

    En Proverbios dice: “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (28.9). Dios no oye las oraciones de los que se apartan de él en desobediencia.

    Muchos preguntan: ¿Acaso Dios escucha las oraciones de los pecadores? Eso depende de qué tipo de oración sea la misma. Si es una oración de arrepentimiento, Dios por supuesto que la escucha. De otra manera, sería la oración del rebelde o del hipócrita la cual Dios no escucha.

    4. Si oramos con fervor

    Un grupo de niños juega en el patio. Luego uno de ellos, viendo a su madre, le dice: “Mamá, tengo hambre; deme un pedazo de pan” y sigue jugando como si no hubiera dicho nada. También la madre se queda como si él no hubiera dicho nada. Quizá el niño ya no piense más en lo que pidió o, pensándolo, tendrá muy poca esperanza de recibir el pan. Por otro lado, si en realidad él tiene hambre y cree que su madre le dará el pan, si es que ella sabe que él realmente lo quiere o lo necesita, él puede llegar a pedírselo y ella se lo dará.

    Esta es una ilustración de lo que pasa cuando oramos. El Padre celestial, como nuestros padres terrenales, está dispuesto a escuchar todas nuestras peticiones y darnos lo que él sabe que es bueno para nosotros. Si entregamos nuestra vida a Dios, juntamente con nuestras peticiones, y oramos con fe, creyendo que nuestras oraciones serán escuchadas y contestadas entonces él las contestará. Puede ser que él conteste inmediatamente, como Cristo lo hizo cuando la gente vino a él para suplicarle favores, o puede ser que se tenga que perseverar en la oración, como la viuda tuvo que perseverar en traer sus demandas ante el juez (Lucas 18.1–8). Nuestras oraciones deben ser constantes y con fe, sin importar si Dios contesta las mismas de inmediato o si tarda en contestarlas.

    5. Si estamos dispuestos a poner de nuestra parte

    En Santiago 2.15–18 vemos el ejemplo de alguien a quien le vienen suplicando algo. Él les contesta diciendo: “calentaos y saciaos”, y así los despide sin darles algo con lo que pudieran calentarse y saciarse. Si oramos con una actitud así no se logrará nada. Dios no sólo quiere que oremos, sino también quiere que estemos dispuestos a hacer lo que él manda a fin de que sean contestadas estas oraciones.

    Más reflexiones sobre la oración

    1. La oración debe ser sencilla y directa

    La oración modelo de Jesús es el modelo perfecto de esta clase de oración (Mateo 6.9–13). Las enseñanzas de Cristo que preceden y siguen esta oración nos deberían enseñar de qué manera debemos orar. Cristo prohíbe las “vanas repeticiones”. Aun en la oración pública debemos dirigir nuestra oración a Dios y no a la gente que nos escucha. Dios no necesita la elocuencia ni las oraciones largas para convencerlo de que somos sinceros. Todas nuestras oraciones deben brotar de un corazón de fe. Debemos dirigir todas nuestras oraciones a Dios, ya sea o no para que otras personas nos escuchen.

    2. Debemos orar por toda la humanidad

    (Posiblemente la única excepción a esto se encuentra en 1 Juan 5.16.) Pablo aconseja que se hagan súplicas y oraciones “por todos los hombres” (1 Timoteo 2.l). La Biblia nos enseña a orar por los fieles y los pecadores, especialmente por aquellos que están en posiciones de autoridad y responsabilidad (Efesios 6.18–19; Filipenses 1.8–9; Colosenses 4.3; 1 Tesalonicenses 5.25; 2 Tesalonicenses 1.11; 3.1; 1 Timoteo 2.1–2, 8).

    3. Debemos orar con corazones llenos de amor y con un espíritu perdonador

    La oración de Cristo en la cruz y la de Esteban en el tiempo de su martirio son ejemplos de cómo debemos orar por los enemigos. Cristo dijo: “Si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6.14–15). La oración aceptable no se mezcla con la malicia.

    4. La oración frecuente y ferviente pertenece a la vida cristiana

    ¿Ha notado usted cuántas veces se encuentran en la Biblia frases como éstas: “Orad sin cesar”, “Velad y orar”, “Orad por nosotros”? La oración es el aliento del cristiano. Cuanto más profunda sea nuestra vida espiritual, tanto más respiraremos. ¿Cómo una persona que profesa tener una fe viva en Dios puede vivir sin pasarse mucho tiempo en oración y aun así afirma que se preocupa por la causa de Cristo y el bienestar del hombre? He aquí sólo unas pocas cosas de las muchas que se pueden recordar en las oraciones diarias: su propia familia, los enfermos en su comunidad, sus pastores, las pruebas y tentaciones que usted y otros enfrentan.

    5. Es necesario que haya un buen orden en la oración

    La quietud y la reverencia son dos factores importantes en la oración. Recordemos que al orar estamos hablando con Dios. Para evitar la confusión que hay cuando muchos oran al mismo tiempo en voz alta, las oraciones de la congregación deben ser dirigidas por una sola persona a la vez. No debemos permitir que exista ningún obstáculo entre nosotros y Dios. Las cabezas de las mujeres deben estar cubiertas (1 Corintios 11.4–6). Debemos recordar también que las manos que se elevan en oración deben ser “manos santas” (1 Timoteo 2.8).

    La postura que adoptamos al orar es importante. Aunque en la Biblia aparecen algunos casos donde la gente se puso de pie para orar, en la mayoría de los casos se arrodillaban ante el Señor y a veces se postraban sobre sus rostros (Salmo 95.6; Números 16.22; 2 Crónicas 6.13). El sólo hecho de inclinar la cabeza no armoniza con la reverencia y humildad que deberían caracterizar toda oración verdadera. En las escrituras también encontramos que muchas personas se arrodillaron cuando oraron: Salomón en la dedicación del templo (1 Reyes 8.54), Daniel bajo una carga pesada (Daniel 6.10), Jesús en Getsemaní (Lucas 22.41), Esteban en el tiempo de su martirio (Hechos 7.60) y Pablo antes de partir (Hechos 21.5). Todo cristiano humilde debe decir: “Doblo mis rodillas ante el Padre” (Efesios 3.14).

    6. Cultos de oración

    Resulta muy provechoso que los cristianos se reúnan para orar, pero debe ser en un espíritu de adoración. La Biblia menciona varios cultos de oración donde se manifestó el gran poder de Dios (Hechos 1.12–14; 4.23–31; 12.5, 12). Cuando los creyentes oran con sinceridad, pensando y sintiendo de la misma manera, ellos se gozan al hablar con el Señor.

    7. El poder de la oración privada

    La oración pública fue practicada en el tiempo de los apóstoles y la misma debería ser practicada hoy también. Pero la prueba de fuego no está en la oración pública, sino en las oraciones privadas donde solamente Dios escucha. Los hombres han orado con elocuencia en público y sin tener la más mínima fe ni reverencia. Sin embargo, el que ora en secreto sin tener ningún motivo especial, tan sólo traer sus peticiones al Señor, el mismo será escuchado en el cielo. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6.6).

    La oración es el poder que mueve la mano que gobierna al mundo. Quienquiera que viene ante Dios orando con sinceridad, fe y perseverancia toca el brazo de Aquél a quien todas las cosas le son posibles. Hay montañas de dificultades por todas partes, mas por medio del poder de Dios son movidas por la oración de fe (Mateo 17.20–21). En las cámaras secretas del corazón, donde nadie podrá impedir que nos acerquemos a Dios en oración, hay grandes fortalezas que el diablo no podrá destruir, porque “para Dios todo es posible”.

     

    Oraciones en la Biblia

     

    1.       Oración de Abraham por un hijo.  Génesis 15:1-6

     1Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande.
    2Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?
    3Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
    4Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará.
    5Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia.
    6Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

     Oración de Moisés Exodo 32:11-13

    Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre.

     

    2.      Oración de Jabes.  1 Cronicas 4:9-10

     Y Jabes fue más ilustre que sus hermanos, al cual su madre llamó Jabes, diciendo: Por cuanto lo di a luz en dolor. E invocó Jabes al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si me dieras bendición, y ensancharas mi territorio, y si tu mano estuviera conmigo, y me libraras de mal, para que no me dañe! Y le otorgó Dios lo que pidió.

     

    3.      Oración de Josué-Josué 7:7-13

    7Y Josué dijo: ¡Ah, Señor DIOS! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos después en manos de los amorreos y destruirnos? ¡Ojalá nos hubiéramos propuesto habitar al otro lado del Jordán!

    4.      8¡Ah, Señor! ¿Qué puedo decir, ya que Israel ha vuelto la espalda ante sus enemigos?

    5.      9Porque los cananeos y todos los habitantes de la tierra se enterarán de ello, y nos rodearán y borrarán nuestro nombre de la tierra. ¿Y qué harás tú por tu gran nombre?

    6.      10Y el SEÑOR dijo a Josué: ¡Levántate! ¿Por qué te has postrado rostro en tierra?

    7.       11Israel ha pecado y también ha transgredido mi pacto que les ordené. Y hasta han tomado de las cosas dedicadas al anatema, y también han robado y mentido, y además las han puesto entre sus propias cosas.

    8.      12No pueden, pues, los hijos de Israel hacer frente a sus enemigos; vuelven la espalda delante de sus enemigos porque han venido a ser anatema. No estaré más con vosotros a menos que destruyáis las cosas dedicadas al anatema de en medio de vosotros.

    9.      13Levántate, consagra al pueblo y di: "Consagraos para mañana, porque así ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: 'Hay anatema en medio de ti, oh Israel. No podrás hacer frente a tus enemigos hasta que quitéis el anatema de en medio de vosotros.'

    Oración sobre el poder de la palabra Salmo 119:64-72

    65Bien has hecho con tu siervo, Oh Jehová, conforme a tu palabra.

    66Enséñame buen sentido y sabiduría, Porque tus mandamientos he creído.

    67Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; Mas ahora guardo tu palabra.

    68Bueno eres tú, y bienhechor; Enséñame tus estatutos.

    69Contra mí forjaron mentira los soberbios, Mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos.

    70Se engrosó el corazón de ellos como sebo, Mas yo en tu ley me he regocijado.

    71Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.

    72Mejor me es la ley de tu boca Que millares de oro y plata. 


    Oración de la iglesia por Pedro

    Hechos 12:11-18

    11Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba.

    12Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando.

    13Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode,

    14la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta.

    15Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel!

    16Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos.

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